miércoles, 3 de diciembre de 2014

No te acuerdas

Y no nos acordamos, estas viendo la tele o leyendo un libro y de repente, un pequeño ahogo inexplicable invade tu cabeza, tu cuerpo, tus ojos, tu estómago y toda la biología que te construye como humano. No sabes qué es, hace tanto tiempo que no te pasaba, y no lo puedes evitar. De repente un pequeño impulso de tus neuronas, te hace consciente de la solución a este misterio biológico/emocional que invade tu cuerpo, entonces, lloras. Solo un poco. Pero no puedes reprimirlo, sueltas alguna lágrima, el corazón se te acelera y simplemente lloras, aunque logras controlarlo.
No son pocos los pensamientos que acto seguido te invaden. Seguro que hay un motivo detrás, una escena de dolor de una película, un capitulo del libro que te ha llegado dentro, pero solo piensas, ¡Joder hace tanto tiempo, que ni me acordaba!. Y también pensamos, lo que quizás nos da miedo pensar, necesito llorar.
Pero no lo haces, pasan los días, las horas y los minutos. Sigues adelante, tienes días buenos y días no tan buenos, épocas de amargura y épocas en las que te sientes de maravilla. Pase lo que pase, sigues hacia delante, no te paras a llorar. Hasta que llega el momento y lo haces, aunque no lo suficiente para dejar que tu alma se desahogue, para dejar que tu cuerpo se desintoxique, para coger aún más fuerzas que antes. Simplemente no te acuerdas.
Lo has vuelto a olvidar. Menos mal que reír no es algo de lo que uno se olvide, ya que sigue siendo, desde hace siglos, la mejor medicina y el mejor remedio para todo mal, sea del tipo que sea.
No es la solución para todo, el llanto constante, el sanador desahogo y la continua lamentación. Pero llorar, simplemente, llorar. Es una herramienta, un recurso, un bien común, inagotable, gratis y útil, que deberías recordar alguna vez al año. No es necesario practicar, nacemos con ello innato.
En ocasiones es necesario. Si tu cuerpo se altera, no lo frenes, anímale a que llore. Un grito contra la almohada que se convierte en mudo, un abrazo a esa misma almohada, a la vez que tus ojos parecen la desembocadura de un río que llega a su fin, para convertirse en algo majestuoso, taparte hasta el alma con las sabanas, aislándote del mundo y sintiendo, que no hay nada ni nadie más. Tranquilo o tranquila, te estas renovando, llora a tu modo, pero llora. Es tal la relajación de después, que quieres dormir o tomarte una copa de vino, depende del momento. Disfruta ambos momentos, forman parte de tu camino y es inevitable.
Lo peor que te puede pasar es que seas mejor que antes de llorar , que tengas más fuerzas y que las ganas de seguir construyendo tu vida sean, aún mas grandes.
Te acuerdas mejor ahora. LLORA.